domingo, 2 de octubre de 2016

Tlatelolco en llamas

Por Rodolfo Herrera Charolet

Nuevamente la sangre corrió como si fuera agua de lluvia en un día triste, húmedo y en agonía, por doquier había despojos humanos. Los que tuvieron suerte murieron aprisa, los que sobrevivieron a la matanza fueron torturados. Las ejecuciones no cesaron en ningún momento, la pelea fue de manera desigual, unos fuertemente armados y en calidad de mercenarios mataron por ordenes, los otros con exiguos escudos defendieron causas imperdonables, ideales que fueron escritos con su sangre, murieron por una sueño que resultó insuperable. Guerreros de ideales, sobre ruinas y ajusticiados.

Tres meses antes de la matanza comenzó todo, el desenlace ya se conocía, un final de una sola batalla sin tregua, con el asesinato ejemplar de mártires por carniceros fuertemente armados. Esa noche sólo se respiraba el olor de sangre caliente, por todos lados las sombras presurosas escondían los muertos, en una batalla en donde no hubo tambores y los combatientes defensores resultaron ser jóvenes inexpertos, que sin cascabeles en los tobillos, pretendieron imponerse a la fuerza destructora de un ejército preparado.
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