sábado, 13 de junio de 2015

La Gaviota

Fauna Política
La Gaviota, el Presidente y la cabeza sangrante
Una telenovela de la vida real
Por Rodolfo Herrera Charolet

Los escándalos en los que se ha visto inmiscuida la esposa del presidente mexicano Enrique Peña Nieto, la popular actriz de telenovelas Angélica Rivera Hurtado mejor conocida como “La Gaviota”, ha roto con los moldes dispuestos para las primeras damas de México. Puesto que no sólo se limita a cumplir sus funciones protocolarias, sino que su rostro ilumina las portadas de la prensa rosa, en donde se habla de su costoso vestuario, de sus viajes, de sus compras en los lugares más exclusivos en el extranjero, entre otros excesos que inundan las redes sociales


Posiblemente para personas como ella, entre los que se cuentan políticos de medio pelo, no representa problema alguno el que den cuenta de sus estrafalarios y costosos entremeses, ya sea por motivos de bodas, bautizos o simples festejos cumpleañeros, en donde lo que sobra es dinero para ser despilfarrado. Mientras que el pueblo mexicano sumido en una profunda crisis en donde el pan diario sobre la mesa, la atención médica o las deudas, son los problemas que más los agobia, ya sea al grado del suicidio o del robo. La delincuencia se dispara y la inseguridad pública es cotidiana, sumada a ésta la corrupción imperante en los negocios públicos.

Esta realidad, entre la ficción, la irresponsabilidad y el olvido, me llevan a recordar las causas que llevaron al pueblo francés hace 260 años a degollar a la reina María Antonieta, en donde fue tal la saña que dos siglos después el gobierno de ese país le pidió perdón in memoriam.

Días antes de su muerte, después de que a su marido le desprendieran la cabeza del cuerpo y sus  hijos arrancados de su lado, se golpeó la cabeza con una viga del techo haciéndose una herida. Ante la pregunta de uno de los guardias: "¿Os habéis hecho daño?", ella contestó: "No, ahora ya no hay nada que pueda hacérmelo". Casada con un monarca torpe, inteligencia bastante mediana y un carácter pusilánime, no tardó en llamar la atención en el campo de la coquetería, los trajes, los peinados, los bailes y los juegos, que eran su mundo. Los despilfarros de la corte eran exagerados.
Al principio del reinado se había intentado resarcir la economía, pero los programas, como los “pactos”, no habían tenido efecto práctico alguno. Había infinidad de cargos palaciegos, los sueldos reglamentarios, las pensiones y los donativos, los subsidios y los sobresueldos ocasionaban grandes dispendios. La reina, que no contaba con el favor de los franceses por ser extranjera, hizo aumentar su impopularidad por su lealtad a los intereses austriacos, la mala reputación de algunas de sus amistades y su extravagancia, a la que se achacaron los problemas financieros del gobierno. Sin embargo a pesar de la crisis francesa la reina no abandonó su vida de diversiones. Las reuniones del Trianón continuaron. Los despilfarros siguieron igualmente y en mayor cantidad. 
Una verdadera campaña de desprestigio se montó contra ella desde su acceso al trono. Circularon los panfletos, se la acusó de tener amantes e incluso de mantener relaciones homosexuales.
La Reina tras tomar conciencia por su impopularidad, trató de reducir sus gastos, especialmente los de su mansión, lo que provocó nuevas críticas y un gran escándalo en la corte cuando sus favoritos se vieron privados de sus cargos. 
En 1792 Las Tullerías fueron asaltadas, el rey se refugió en la Convención, que votó su suspensión provisional, y ambos fueron internados en el convento de los Feuillants. Al día siguiente, la familia real fue transferida a la prisión del Temple. Allí moriría, casi dos años más tarde, su segundo hijo varón a los diez años de edad, conocido como Luis XVII, aunque por supuesto nunca reinó. Durante las matanzas de septiembre, la princesa de Lamballe, víctima simbólica, es salvajemente asesinada y su cabeza fue exhibida en la punta de una pica, paseándola por delante de las ventanas tras las que se halla María Antonieta. El 26 de diciembre la Convención vota a favor de la muerte de Luis XVI, ejecutado el 21 de enero de 1793 y el 14 de agosto de ese año, María Antonieta fue puesta a disposición judicial ante el Tribunal revolucionario, en donde el acusador público pidió la pena de muerte por ser: "enemiga declarada de la nación francesa”. Al mediodía del día siguiente María Antonieta fue guillotinada. Fue enterrada con la cabeza entre las piernas.
La leyenda, cuenta que cuando la Reina fue degollada, el verdugo, ufano de su obra, agarró la cabeza sangrante por lo que quedaba del cabello y, alzándola en alto, la enseñó al gentío y para más vejación, le dio un bofetón al rostro que se ruborizó y sus labios dejaron escapar un quejido. 
Lo cierto es que, cuando la guillotina cortó el cuello de la reina la fiesta se adueñó de las calles.
¿Qué piensa La Paloma?
Su vida de telenovela mexicana no tendrá un final feliz, el pueblo entero rememora el episodio del escándalo de la “Casa Blanca de Las Lomas” en donde rompió el silencio para defenderse escuetamente, como en su momento el presidente José López Portillo defendió el “peso como un perro”. Las acusaciones por un posible conflicto de interés en la compra de una costosa residencia a una empresa que logró millonarios contratos en los gobiernos de su marido. La esposa de Peña Nieto afirmó que había adquirido la casa, de más de cincuenta millones de pesos, con los ahorros de 25 años de trabajo en Televisa. La empresa televisora desmintió el desmedido salario.
Pero lejos de retomar un camino sensato, La Gaviota siguió en su afán de escándalos, su exclusivo y costoso vestuario levantó más de una crítica en un país donde la mitad de la población vive en la pobreza.
Para fortuna de La Paloma y no de María Antonieta, en México no se vive una revolución violenta ni hay guillotina de por medio. Pero el ánimo y desprecio del pueblo hacia la esposa del gobernante es el mismo.
¿O no lo cree usted?



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