domingo, 4 de diciembre de 2011

Carrito amarillo


Mi diario
Carrito amarillo
Rodolfo Herrera Charolet

Ese día llegaron los regalos de los Reyes Magos y mi papá festejaba su cumpleaños número treinta, estaba por cumplir cinco años. El carrito escolar amarillo con sus niños sentados, la maestra en el pasillo y el conductor, por exceso de velocidad chocaron. Las tijeras de mi mamá sirvieron para escenificar el accidente, dos o tres nalgadas de mi padre me sirvieron para no volver a utilizar la herramienta de dos filos en mis juguetes. Aún recuerdo el accidente, fue terrible, se perdieron la mayoría de los integrantes del autobús y las llantas quedaron ponchadas –a causa de haber utilizado el calor de un par de cerillos.
Después de que mi madre guardó en lugar seguro los juguetes, las tijeras y cerillos, caminé hacia en donde se encontraba y le dije: ¿Me perdonas?, ella sin responder a mi súplica me envió con mi padre, temeroso me acerqué a él y le dije con voz entrecortada ¿me perdonas?, mi padre me miró de reojo y llevándose a la boca un cigarro sin prenderlo, me llevó al sillón de la terraza en donde me abrazó y sentó sobre sus piernas; sin decir palabra alguna y sin testigo alguno me depositó un beso en la cabeza, me quedé profundamente dormido entre sus brazos.

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