miércoles, 17 de noviembre de 2010

Prostitución

Fauna Política

Los deseos de Valeria

Rodolfo Herrera Charolet

 

Un día Valeria que acababa de cumplir sus dieciséis años tiró los libros que traía bajo el brazo, tan pronto llegó ante su madre, quien estaba a punto de reprenderla. Pero las palabras de la niña la dejaron petrificada, sin saber que decir, sin atinar a soltarle un manotazo o abrazarla llorando.

–¡Madre no quiero estudiar más! ¡Quiero ser prostituta! ¡Quiero ser sexo servidora! 

La madre que era una mojigata moralina, mesera en un restaurante propiedad del hombre más rico del mundo, pero que ella ganaba escasamente lo mínimo para su sobrevivencia, trató de recuperar su aliento y sosegar los latidos del corazón que amenazaba con cambiar de cuerpo.

Valeria se acomodó la falda y se dirigió hacia la pequeña sala del departamento, llevando a su madre de la mano, las dos se sentaron en el roído sillón, al que llamaban el “loveseat”.

–Mira madre, ahí están las millonarias de la tele que se operan las pompas, se aumentan las chichis y luego, luego… son famosas. No se diga, las que cambian de parejas, se casan, se descasan, tienen hijos por aquí o por allá, con famosos, con desconocidos, con políticos, con futbolistas o cirqueros. ¿Y nosotras? ¿Qué? Si también tenemos pompas y chichis. –Comentó Valería.

La madre de la adolescente, titubeó para expresar unas lánguidas palabras. –¡Hija… eso no es decente!

–¡Hay Ma! ¡Tu si que ya ni la amuelas! Ya vez a mi papá que se fue con la bailarina exótica del Pirulí Dorado y ni gasto nos manda. Mi “amigüis” de toda la vida, ya cobra por sexo. Le pagan de a dos mil y hasta cinco mil por un fin de semana. La pasean, la visten y hasta chofer tiene. Acaba de trabajar para un político bien pesado que hasta avión particular tiene. En este país, todo se vende y se compra. Ya vez a la Rafaella, la modelo italiana que vendió su virginidad por un millón de dólares. ¡Y eso… madre! ¡Es mucho dinero! Yo creo que la mía la podría vender por diez mil o hasta veinte mil pesitos. ¿No crees? Mi amigüis dice que cada noche puede tener sexo con uno o dos clientes, de a dos mil cada uno. Le da un dinero a su novio que la recomendó para el trabajo. El recibe la mitad de sus ingresos, a cambio de que la proteja, además, tiene “contactos” con la policía. Ahora no gasta en lujos, porque los hombres que la pasean y la besan, le compran ropa y la llevan a bailar y comer a los mejores lugares. Está ahorrando para operarse y así ganar más.

–¿Y las enfermedades, mijita? – balbuceó la madre, que había dejado de lloriquear, ante la apabullante confidencia que le había revelado Valeria.

–¡Pues eso… ya se cura… y sería muy mala suerte! ¿Imagínate que todo mundo se preocupara por enfermedades, que ahora hasta un mosquito te mata con un tal dengue, sin haber tenido sexo con él? Ma… el peligro existe en todo momento, hasta con subir a la combi, no sabes si el maldito cafre se estampe en la esquina o si vas a rezar a la iglesia y en el camino o dentro de ella te violan.

Valeria no lo sabe, ni su madre está enterada de que el negocio de la prostitución es mundial. La legalización de la prostitución en países como Alemania, Australia, España y Holanda, provocó el incremento del comercio sexual infantil y no erradicó la discriminación hacia las personas que se prostituyen. El principal problema de la prostitución legalizada, es el incremento en la demanda de personas cada vez más jóvenes. En cuanto al Estado, el problema se centra en su definición y la corrupción dentro del orden público. En cuanto al Clero, su mayor dificultad, es la pérdida de la confianza hacia la institución religiosa, la disgregación moral y el escándalo mundial de abuso que han cometido algunos de sus sacerdotes. El problema para los eruditos y para los legisladores que no afrontan realmente el problema, es que solo recomiendan un debate respetuoso e informado, cuando ya se ha hablado mucho, pero no se ha concretado nada.

El problema, si es que se desea solucionar, parte del ejercicio de gobierno en el cual, se enquista gran parte de la corrupción y del tráfico de influencias o de protección. Como problema secundario es la amplia difusión que se hace a la publicidad con contenido sexual, sea para anunciar una faja, unas píldoras reductoras de peso, un biberón o la nota chocante de la modelo que rifa su virginidad al mejor postor, como actividades liberadas de una sociedad ávida de consumo.

¿O no lo cree usted?

 

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