miércoles, 10 de noviembre de 2010

Nenes abandonados

Fauna Política
Claudia y Claudine
Rodolfo Herrera Charolet
A Claudia la encontraron un 18 de mayo, así que le pusieron el nombre de la santa y mártir de Ancira en Galacia, quien junto a Teodoto y Tecusa, su tía, y Alejandra, Eufrasia, Faína, Julita y Matrona; quienes después de haberlas obligado a prostituirse por orden del gobernador, fueron arrojadas a un lago con piedras atadas al cuello en el año 303 de nuestra era.
A la pequeña Claudia la abandonaron junto a un basurero, que en desuso sigue siendo una comunidad viviente, porque de ese tiradero decenas de pepenadotes se ganan su sustento diario, recogiendo y vendiendo por kilo los desperdicios que pueden ser reciclados. Para fortuna de la nena abandonada, fue llevada inmediatamente ante las autoridades del Sistema de Desarrollo Integral de la Familia, quienes tomaron su custodia y posteriormente la entregaron en adopción. El futuro de la pequeña dependerá de quienes ahora serán sus padres.
Mientras que Claudia crece, tendrá la oportunidad de conocer un mundo distinto, al que hubiera encontrado a lado de una madre que la abandonó. Esperando que esa niña, no hubiera sido robada por alguna pseudo enfermera o familiar, que en venganza hubiera sido sustraída de los brazos maternos, como es el caso de Arelí, quien fue consignada ante la autoridad judicial poblana, por el delito de plagio y secuestro en su modalidad de robo de infante.

El abandono de Jean es distinto; Su madre, Claudine, se escapó con ayuda de su hermano el arzobispo, de un monasterio a cargo de las Dominicas de Montfleury. Tan pronto como Claudine se familiarizó con su nueva estancia, comenzó a recorrer las calles torcidas de la ciudad, fue entonces cuando se hizo afecta a los helados del italiano Francesco Procopio y desde luego que también a los hombres. Así que entre helados y hombres, se fue llenando de experiencias e hijos, como el que engendró con un general de artillería, al que abandonó tan pronto nació. Un pequeño que fue encontrado en las escalinatas de la capilla Saint Jean-Le-Rond, contigua a Notre-Dame de París y que fue adoptado por el vidriero d’Alembert. Así la criatura fue bautizada con el nombre Jean le Rond D’Alembert, quien nació en París, en el año de 17 del siglo XVIII el día de San Fidencio Obispo; considerado como uno de los máximos exponentes del movimiento ilustrado, además de ser matemático y filósofo francés.
La nota roja de los medios informativos se nutre cotidianamente de sucesos relacionados con niños abandonados, práctica que se ha hecho costumbre desde tiempos inmemoriales. El bote de la basura, la puerta de alguna iglesia, un terreno baldío, un río, entre otros sitios, se ha convertido en las cunas provisionales de aquellos seres indefensos, que por diversos motivos pero con un espíritu de hiena, son abandonados por sus madres. Para fortuna de estos chiquitines, la vida ha salvado gracias a que son encontrados antes de que el frío lo mate o los perros o ratas se den banquete de humano.
Historias como las de Claudia y Claudine, por desgracia, seguirán siendo cotidianas, mientras la sociedad siga engendrado madres desprovistas de ese instinto de amor hacia sus hijos, o quizás sea el caso que estando el marido ausente por más de un año, a su regreso, las mujeres tratan de ocultar su infidelidad. Como lo hizo Eustolia, quien utilizó el “dinero verde” que le mandaba su marido de los Estados Unidos, para la manutención diaria de ella, sus hijos y de paso al sancho. Cuando el marido anunció su regreso, la mujer abandonó a Claudia, muy cerca de la barranca, muy cerca del basurero, encontrada a tiempo y antes que ratas y perros la devoraran.
Solo espero que esa pequeña, tenga un mejor destino y de paso, en el futuro nos de la sorpresa de ser una prestigiada matemática, una connotada historiadora o de “perdiz” una buena madre para sus hijos.
¿O no lo cree usted?

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