viernes, 5 de noviembre de 2010

En Puebla: La calle de los orines

Fauna Política
Tacho “El Mariachi”
Rodolfo Herrera Charolet

Tacho al que apodan “El Mariachi” está enfermo de la vejiga y tiene que hacer “Pis” de urgencia, así que valiéndose de un descuido de la autoridad municipal, aprovecha un poste para sentir alivio. Se dice que el reglamento que regula la conducta ciudadana, prohíbe esa costumbre, muy común en los individuos de sexo masculino.
El problema no es Tacho “El Mariachi” sino que derivado de las decenas de mariachis que han convertido el mercado del Alto, mejor conocido como el “Garibaldi Poblano”, en su centro de reunión y promoción artística; Y la calle es su mingitorio o excusado, según sea la necesidad complacida. Diariamente son vertidos en la acera y muro “de la Virgen” –porque hay una imagen de la virgen de Guadalupe, empotrada– varios litros de orines. En ocasiones, entre el empedrado de la calle y la guarnición, los residuos fecales o vómitos de una noche de copas y mariachis, ofrecen al transeúnte una realidad de lo que sucede en ese lugar después de las 7 de la noche y las siguientes 12 horas, que se hacen interminables para quienes pernoctan y demasiado cortas para los que festejan u olvidan un amor no correspondido.
Lo sorprendente del asunto, es que la antigua calle de la puerta falsa de San Francisco, que fue convertida en excusado, se ubica atrás del centro de convenciones y el complejo “Paseo de San Francisco”. Frente a la sede del Gobierno del Estado –Casa Aguayo–, sobre esa calle la  Subsecretaría de Enlace de la Secretaría de Gobernación; a un lado de la misma, sobre la antigua calle de las “Damas”, una vieja casona que es remodelada, propiedad de un ex esgrimista, ex candidato y ex funcionario municipal. Para mejor referencia de la “calle de lo orines” o “puerta falsa de San Francisco”, también se encuentra; un hotel-restaurante, una notaría pública, el museo de arte moderno entre otros atractivos.
Así que mientras Tacho “El Mariachi”, el compañero de “tocada” o el borrachín pasado de copas, puede descargar la vejiga sin problema alguno, recargado con la mano izquierda en el muro de la Virgen, puede contemplar por un momento el paisaje nocturno que se ofrece ante sus ojos; el jardín trasero de la antigua fábrica en ruinas; más adelante levantando la vista las torres y cúpula de la iglesia de San Francisco.
En virtud de que el grupo de “orinadores anónimos” no se han cooperado para rentar unos sanitarios portátiles, las fritangueras venden sus memelas a la vuelta de la esquina, que para su fortuna los aires corren hacia “abajo” y no llega ese olor tan persistente de la urea. Tacho “El Mariachi” no escogió mejor lugar para colaborar con la aportación diaria de orines que cubren la acera y el empedrado, evidenciando así la falta de seguridad pública en el barrio, que por principal lógica política debería de tener mayor vigilancia.
Posiblemente un asiduo lector de estas cotidianas comunicaciones epistolares mías, que además, tenga una prodigiosa memoria, me reclame por haberme opuesto, en el año de 1997, a que el presidente municipal de San Pedro Cholula construyera un “centro cacario” –Excusado público– en un jardín central del zócalo. Pero en esa ocasión era criminal poner en el corazón mismo de la milenaria ciudad, instalaciones de este tipo, cuando existían otras opciones. Por fortuna la crítica no se hizo esperar y su mala decisión fue cancelada, aunque convirtió el Kiosko en el recinto oficial de los “orines y excremento”.
–¡Uff! Que susto–.Ya me imaginaba un monumento al excusado cholulteca frente a la efigie de Benito Juárez, que de paso fue un prócer que no era de la simpatía del presidente municipal y fue menospreciado en su trienio.
Pero regresando a la H. Puebla de Zaragoza, –que no llegó a ser H. Puebla de Z, pero que muchos funcionarios siguen fechando así su correspondencia–, la sola vigilancia policíaca como solución disuasiva de esa conducta que representa una falta administrativa, sería sin duda un decisión poco acertada porque el problema se origina por la falta de sanitarios públicos, y la “calle de los orines” se trasladaría a otro lugar cercano, sin resolverse el origen del problema.
Pero mientras las autoridades municipales atienden la queja o sugerencia, Tacho “El Mariachi” puede seguir orinándose en la vía pública y en caso de que fuera sorprendido por algún oficial de a “pie” o en “patrullita”, simplemente justificará su falta de cortesía ciudadana y dirá que está enfermo de la vejiga y era una urgencia médica.
¿O no lo cree usted?

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