jueves, 9 de septiembre de 2010

Borrachitos célebres

Fauna Política
Una memorable borrachera
Rodolfo Herrera Charolet
Como es tradición en los pueblos de todos los tiempos, las borracheras por tradición o en festividades, son memorables y justificadas. Al menos, eso parece. Como quedó registrado en los vestigios encontrados en el corazón de la milenaria pirámide cholulteca.  El mural corresponde a un tablero del clásico teotihuacano del siglo II o III de la era cristiana. Decorado al fresco del cual existe al menos un fragmento de 56 metros y 27 centímetros de largo, con una altura original que fue de 2 metros 50 centímetros, diseñado en tres fajas horizontales, dos de ellas con una cenefa enmarcando la central, la cual ejemplifica el ritual de beber el pulque.
Los concurrentes a la memorable borrachera, entre ellos algunas mujeres de avanzada edad, fueron representados ingiriendo grandes cantidades del tradicional pulque, sin mayor recato que ser fieles a la tradición, porque se trata de una bebida sagrada.
Los protagonistas sentados en diversas posiciones, ingieren el aguamiel fermentado, extraído del maguey mediante un acocote, distribuidos a lo largo de una banca de la que cuelga un tapiz. El singular ornamento está formado con motivos alternados, rombos en líneas concéntricas, flores de cuatro pétalos y otros circulares con una atadura central semejante a los broches de los Tezcacuitlapilli, todos de variados colores, predominando el rojo, ocre, negro y azul maya.
El mural está pintado en dos tonos de rojo, resaltando los sacerdotes de piel ocre y blanco, sus cuerpos casi desnudos y tan solos ataviados con maxtlates y complicados tocados de tela que llevan sobre la cabeza, cuyas puntadas, caen elegantemente sobre sus hombros. Algunos asiduos bebedores llevan sobre la cintura fajas de color azul, collares y orejeras circulares verdes o azules. Como si llevaran máscaras con representaciones de animales. Pero los centzontotochtin son en verdad los numerosos conejos o borrachos, abundantes dioses del pulque, porque los ebrios lloran, otros vocean, algunos riñen o aporrean. Así se dice que cada beodo tiene su particular conejo. Aún cuando centzontotochtin significa literalmente 400 conejos, en el mural de los bebedores en cholulteca solo parecen escasamente una veintena de ellos.
Algunos de los conejos representados corresponden a la lista elaborada por Sahagun; acolhoa, chimapantécatl, colhoatzíncalt, izquitécatl, ometochtli, pantécatl, papáztac, tepoxtécatl, texcatzoncatl, tlaltecayohua, tlamatzincatl, tlihjoa, toltécatl y yiauhtécatl.
Sabemos que entre los personajes, algunos son mujeres, porque pueden distinguirse sus arrugas en la cara y el pecho saliente, así como la forma de sentarse. Según Sahagún a las mujeres viejas se les permitía concurrir a la ceremonia de la embriaguez.
Siglos después ningún historiador, cronista o antropólogo había reparado en la representación de un singular recipiente, que sostiene uno de los sirvientes. Se trata de una representación de un depósito “translucido”. El brazo derecho del paje hace el efecto de la refracción de la luz, fenómeno no registrado en otras pinturas prehispánicas. Así mismo este tipo de utensilios o sus restos, por ahora, tampoco se han encontrado entre las ruinas cholultecas.
A diferencia de la milenaria representación, en estos días en Cholula se les permite a las mujeres jóvenes ingerir bebidas hasta llegar a la embriaguez y el respeto a sus cuerpos es lo menos que les importa, eso si, siguiendo la vieja tradición de transformarse por los efectos del alcohol, en monos, conejos, perros o pericos. El problema es acabar como nota roja en algún accidente en la recta cholulteca o parar en manos de algún agente de vialidad (como sucede todos los días) que cobre de mordida entre 3 mil o 5 mil pesos, por haber conducido un vehículo en estado de ebriedad o el coche chocado por causa de una “memorable borrachera”.
¿O no lo cree usted?

miércoles, 8 de septiembre de 2010

Le hacen "fuchi" a Zavala

Fauna Política
Un madrazo de madrazo
Rodolfo Herrera Charolet

Simpática y desafortunada descalificación lanzó recientemente Roberto Madrazo Pintado, al asistir al festejo del cumpleaños número 53 del diputado plurinominal electo, Enrique Doger Guerrero. Quien fuera líder nacional del PRI y candidato perdedor a la Presidencia de la República, olvidó por un momento sus propias derrotas y descalificó a quien fuera el candidato del PRI a gobernador del Estado y que pretende llegar (al menos) a la presidencia del priísmo poblano.
Roberto Madrazo primero fue dirigente nacional del PRI, después de la derrota en el 2000 de Francisco Labastida Ochoa. Desde la estructura priísta operó a su favor para ser, indiscutiblemente, el candidato a la presidencia de la república en el 2006. El problema fue que se echó una araña encima y terminó por engullirlo, al grado de mandar al PRI a la tercera fuerza política nacional, antes Madrazo había perdido como presidente de partido, varias elecciones estatales.
No obstante la experiencia propia, en cuanto a elecciones perdidas se refiere, Madrazo fue contundente al descalificar al marinismo como opción para encabezar la presidencia del Comité Directivo Estatal del Partido Revolucionario Institucional en Puebla. Comentario que fue aprovechado por diversos actores políticos para justificar su rechazo, hacia quien fue el abanderado priísta de las mayorías en el 2010 y que dicho más simple, es y pasará a la historia local como el miembro activo más prominente del marinismo.
Sin pretender defender a quien de suyo, “se hace picadillo” en comentarios de café y en diversas publicaciones, o en su caso colocarme del lado de quienes prefieren ver a Zavala desterrado de Puebla y refundido en alguna selva de Chiapas. Los priístas olvidan lo más elemental, la unidad que se debe cacarear y propagar en beneficio de la militancia y no de los grupos políticos que coinciden en las candidaturas o funciones públicas de los gobiernos de correligionarios.
No hay nada más lógico y, a su modo, más aleccionador, que la estrategia de imponer a un presidente del PRIísmo estatal, puesto que la tan “cacareada democracia partidista” es un mito y no se practica en ninguno de los partidos políticos nacionales existentes (al menos no existe evidencia de lo contrario). De suyo, ningún militante priísta (que no sean los consejeros estatales y distritales) votó a favor de quienes ocuparon las candidaturas plurinominales del partido y que los llevaron al H. Congreso del Estado, que sin restar sus propios méritos, obedecieron a una decisión política de la estructura del poder y no de la militancia.
Nos guste o no, quien ejerce el poder político no lo comparte o es influenciable por comentarios ajenos a su propio grupo político. Precisamente la fortaleza del PRI desde su inicio en 1929, como Partido Nacional Revolucionario, obedeció a la costumbre de ejercer el poder desde el poder, con “revoluciones” hacia el interior. Rebatingas que dieron origen a “cuotas” o “feudos” de poder.
Siendo sincero, por ahora, no veo a ningún grupo político estatal que pueda aglutinar a todas las fuerzas que coinciden o que “quedan” dentro del priísmo, porque dicho sea de paso, existe la sospecha de que al menos una de ellas “apoyó” a las siglas contrarias.
Así que el método para rescatar “lo que queda” del PRI en el Estado, estará basado en las persuasiones de los más calificados y autocalificados funcionarios del gobierno estatal y no de lo más alejado de la militancia activa y de los desempleados de sexenio, puesto que lo único que queda es el poder que se ejerce y no el que se pretende. Dicho más simple, si hemos de traducir un sistema que se enfrenta a la realidad de asumir una pérdida electoral y ser oposición confiable; a la militancia priísta, como a la sociedad o al pueblo ya no se le convence con descalificaciones o publicaciones, puesto que hace mucho perdió el don divino de la credulidad y, o no les importa quien los dirija o simplemente se van a la cargada de quienes les indican sus líderes que aún conservaron “algo” de poder o que quedaron “vivos” para contarlo y como dice el refrán “de lo perdido, lo que se encuentre”.
Por lo pronto, de lo que no hay duda, es que los comentarios referidos a Zavala se resumen únicamente en “un madrazo de madrazo”.
¿O no lo cree usted?

miércoles, 1 de septiembre de 2010

El ejercito pena capital

Fauna Política

La nueva guillotina

Rodolfo Herrera Charolet

El gobierno de la república ante su ineficiencia para crear empleos y mejorar las condiciones sociales y económicas de la población, instauró un régimen de enfrentamiento, contra un enemigo que podría tener igualdad de fuerza bélica y que se mantiene en la clandestinidad.

Felipe Calderón Hinojosa inició su sexenio con un modelo de “guerra contra el crimen organizado”, que dista mucho de ser eficaz o novedoso. Ni es de creación propia, sino que el presidente de la República copió la fórmula de ofensiva que se ha repetido a lo largo de la historia, con el “agregado” suyo de ser una versión nativa y desordenada, cuya ejecución da como resultado miles de muertos –incluyendo daños colaterales–, sin mayor mérito que escaramuzas sangrientas y aprehensiones publicitadas.

 El uso de la fuerza del ejercito en su guerra frontal contra el narcotráfico, es de hecho la pena de muerte que se ejecuta en “caliente”, sin previo proceso judicial y empleándose el criterio de quien empuña el arma. Una nueva guillotina de una revolución trasnochada de probada ineficiencia.

Tras la detención de Édgar Valdez Villarreal, mejor conocido como “La Barbie”, el presidente Calderón difundió en red nacional un anuncio televisado, intercalando escenas de elementos de seguridad armados, un cuarto de guerra (tipo la cabaña de Tobi) de presunta alta tecnología (Como la del doctor Cerebro en las películas del Santo) y con entrevistas a familias que afirman que la lucha del gobierno federal “Vale la pena. Tú eres la razón”.

El señor Calderón estaba orgulloso, sin duda, por su acierto en aprehender al jefe mafioso y justificar su guerra, pero que en nada ayuda a sofocar la violencia desatada en el país, en donde hay víctimas inocentes y luto en miles de hogares de servidores públicos y soldados que son enviados, armados hasta los dientes con equipo obsoleto, a enfrentar huestes fuertemente equipadas y especializadas con armamento de alta tecnología. Como si el gobierno federal quisiera crear las condiciones, para tener nuevas versiones de “David contra Goliat”, en donde los buenos tienen su charpe y los malos bazuca.

Al margen de la detención del “jefe mafioso”, el Presidente de la República, desarrolla una estrategia de campaña permanente no partidista, en donde lo importante es la justificación y no los resultados. El asesinato premeditado realizado por el estado es el de la peor clase, puesto que el condenado al que se va a ejecutar en un enfrentamiento –inevitable–, es y será nota propagandística de una orden que se cumple y una ley que se cumple a medias.

A la luz de los resultados obtenidos y que se reflejan en las notas de policía y estadísticas probadas, el enfrentamiento bélico del ejército contra los narcotraficantes, no ha sido una opción fácil para el gobierno. Sin embargo, es la única que conoce, ante los niveles altos de corrupción y la falta de talento para realizar reformas o acciones que solucionen la problemática.

Las “plumas” afines al régimen apoyaron al inicio del sexenio la decisión, pero de acuerdo a sus publicaciones, después de atestiguar los acontecimientos nacionales, han entrado en un estado de choque. Sin atender el fondo del problema los intelectuales aduladores, trataron de justificar inútilmente las decisiones presidenciales, para finalmente guardar silencio y en su caso hacer apología de la violencia desatada.

A través de los “Diálogos” o “Foros”, el presidente Calderón Hinojosa, ahora expresa su desesperación por ganar la batalla, ante los choques sanguinarios y los miles de muertos que se suman y la brutalidad, con la cual, han respondido los grupos clandestinos. Pero el problema de la decisión presidencial reside en el uso del ejército como “arma letal” y el gobierno civil que se supone debe representar, y de qué elementos justifican la decisión, en el instante mismo, que el cuerpo armado “ejecuta la orden” y que se será en el futuro inmediato una discontinuación esperada.

El retiro del ejército de las acciones que competen a cuerpos policíacos del orden civil, son decisiones presidenciales, que se arroparán como resultado “esperado” e inducido, de los “Diálogos” promovidos. Puesto que de continuar en esa dinámica, estaríamos ante una pena capital con una nueva guillotina.

¿O no lo cree usted?

 

El ejercito como arma letal

Fauna Política

La nueva guillotina

Rodolfo Herrera Charolet

El gobierno de la república ante su ineficiencia para crear empleos y mejorar las condiciones sociales y económicas de la población, instauró un régimen de enfrentamiento, contra un enemigo que podría tener igualdad de fuerza bélica y que se mantiene en la clandestinidad.

Felipe Calderón Hinojosa inició su sexenio con un modelo de “guerra contra el crimen organizado”, que dista mucho de ser eficaz o novedoso. Ni es de creación propia, sino que el presidente de la República copió la fórmula de ofensiva que se ha repetido a lo largo de la historia, con el “agregado” suyo de ser una versión nativa y desordenada, cuya ejecución da como resultado miles de muertos –incluyendo daños colaterales–, sin mayor mérito que escaramuzas sangrientas y aprehensiones publicitadas.

 El uso de la fuerza del ejercito en su guerra frontal contra el narcotráfico, es de hecho la pena de muerte que se ejecuta en “caliente”, sin previo proceso judicial y empleándose el criterio de quien empuña el arma. Una nueva guillotina de una revolución trasnochada, publicitada por el gobierno federal, de probada ineficiencia.

Tras la detención de Édgar Valdez Villarreal, mejor conocido como “La Barbie”, el presidente Calderón difundió en red nacional un anuncio televisado, intercalando escenas de elementos de seguridad armados, un cuarto de guerra (tipo la cabaña de Tobi) de presunta alta tecnología (Como la del doctor Cerebro en las películas del Santo) y con entrevistas a familias que afirman que la lucha del gobierno federal “vale la pena. Tú eres la razón”.

El señor Calderón estaba orgulloso, sin duda, por su acierto en aprehender al jefe mafioso y justificar su guerra, pero que en nada ayuda a sofocar la violencia desatada en el país, en donde hay víctimas inocentes y luto en miles de hogares de servidores públicos y soldados que son enviados, armados hasta los dientes con equipo obsoleto, a enfrentar huestes fuertemente equipadas y especializadas con armamento de alta tecnología. Como si el gobierno federal quisiera crear las condiciones, para crear nuevas versiones de “David contra Goliat”, en donde los buenos tienen su charpe y los malos bazuca.

Al margen de la detención del “jefe mafioso”, el Presidente de la República, desarrolla una estrategia de campaña permanente no partidista, en donde lo importante es la justificación y no los resultados. En donde el asesinato premeditado realizado por el estado es el de la peor clase, puesto que el condenado al que se va a ejecutar en un enfrentamiento –inevitable– manifiesto en los resultados obtenidos y que se reflejan en las notas de policía y estadísticas probadas. Desde luego que el enfrentamiento bélico, del ejército contra los narcotraficantes, no es una opción fácil para el gobierno, pero es la única que conoce ante los niveles altos de corrupción y falta de talento para realizar reformas o acciones que solucionen la problemática.

Las “plumas” afines al régimen apoyaron al inicio del sexenio la decisión, pero de acuerdo a sus publicaciones, después de atestiguar los acontecimientos nacionales, han entrado en un estado de choque. Sin atender el fondo del problema los intelectuales aduladores, trataron de justificar inútilmente las decisiones presidenciales. A través de los “Diálogos” o “Foros”, el presidente Calderón Hinojosa, ahora expresa su desesperación por ganar la batalla, ante los choques sanguinarios y los miles de muertos que se suman y la brutalidad, con la cual, han respondido los grupos clandestinos.

El problema de la decisión presidencial reside en el uso del ejército como “arma letal” y el gobierno civil que se supone debe representar, y de que elementos justifican la decisión, en el instante mismo, que el cuerpo armado “ejecuta la orden” y que se será en el futuro inmediato una discontinuación esperada.

El retiro del ejército de las acciones que competen a cuerpos policíacos del orden civil, son decisiones presidenciales, que se arroparán como resultado “esperado” e inducido, de los “Diálogos” promovidos. Puesto que de continuar en esa dinámica, estaríamos ante una pena capital con una nueva guillotina.

¿O no lo cree usted?

 

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