miércoles, 18 de agosto de 2010

Matrimonios homosexuales podrán adoptar

Fauna Política

La “Suprema” y es el logro de las minorías

Rodolfo Herrera Charolet

 

Vivimos en un Estado laico, una economía regulada por el Estado y un sistema democrático; son algunas de las frases que se someten constantemente al escrutinio de la opinión pública, en virtud de que ese laicismo solo puede observarse en algunos documentos y libros de historia. La economía nacional, como lo sabemos, esta determinada por directrices del Banco Mundial con sede en el extranjero, y resulta, que el sistema democrático que tanto se cacarea se encuentra secuestrado por el monopolio de los partidos y una burocracia excesiva y asfixiante.

La Suprema Corte de Justicia de la Nación, sin duda ha ejercido un criterio jurídico apegado a derecho, sea o no justo. Un razonamiento que no admite mayor controversia, por ser la última instancia para dirimir controversias jurídicas en este país.

Se ha leído, escrito y discutido que vivimos en un Estado laico – que es una corriente de pensamiento, ideología, legislación o política de gobierno que impone, defiende o favorece la existencia de una sociedad organizada de forma independiente no confesional–. Aún cuando los gobernantes, cualquiera que sea el partido que los postule, no dudan en sacarse la foto con el mas alto pontífice de la Santa Sede –Léase Felipe Calderón y familia–. Cacareamos la existencia de un Estado laico, pero, muchos políticos recurren a la anulación de su matrimonio religioso –léase Vicente Fox–, para poder contraer nuevas nupcias y sea reconocida la “nueva” por la iglesia. Se dice que hay una separación real entre lo Público y lo Religioso, pero en campaña no hay candidato presidencial o candidato a gobernador de un Estado que no tenga reuniones especiales y promocionadas con el clero, en especial con el católico, que es mayoría entre la preferencia de los mexicanos. La razón es que en México se practica un laicismo de dientes para fuera, derivado de que el clero tiene mucho poder político, económico y de influencia cultural. La realidad del clero mexicano les otorga a los prelados una especie de “fuero” que no siendo del orden legal, si lo es en la práctica, pudiendo decir lo que les venga en gana, sin temor a ser sancionados o reconvenidos por sus opiniones. En cambio el poder de la autoridad civil, dura solo un trienio o sexenio –a lo mucho– y en ese tiempo, el hacer cumplir la ley, es un camino tortuoso y lento. Así que el pleito de dimes y diretes entre el ciudadano y jefe de Gobierno capitalino Marcelo Ebrard, en contra el ciudadano y cardenal de Guadalajara, Juan Sandoval Íñiguez, será uno de los temas de discusión pública, para conocer más a fondo las redes del poder y su influencia, tanto en los medios como en la sociedad mexicana.

¿Quién ganará la batalla? Los laicos que pretenden el imperio de la ley, o los clérigos que demandan el respeto a sus costumbres y tradiciones arraigadas en la preferencia religiosa de las mayorías.

No se quien gane la batalla, ni tampoco me interesa tanto, ante los verdaderos problemas nacionales que demandan solución. De lo que si estoy seguro y me interesa, es que en estos pleitos siempre pierde el ciudadano común, aquel que no teniendo vela en el entierro debe pagar los platos rotos.

Por lo pronto los matrimonios de homosexuales, podrán –por ley–. Además de ser reconocida legalmente su unión, la de adoptar a menores y formar una nueva forma de núcleo familiar, que se supone y se ha dicho es la base primordial de la sociedad. Aún cuando este tipo de uniones sean una práctica de las minorías en México.

Ante tal resolución que no siendo justa en la opinión de las mayorías, solo puedo decir que así se las gasta la “Suprema” y es el logro de las minorías.

¿O no lo cree usted?

 

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