jueves, 19 de agosto de 2010

Frangollo

Fauna Política

tables dance” que no temen a la clausura

Rodolfo Herrera Charlolet

Se llama Estela porque nació el 30 de mayo, tenía 16 años cuando por primera vez, fue madre, nació en Tlapacoyan Veracruz, pero vivió en Puebla, formó parte del éxodo de niñas que salieron del pueblo rumbo a hogares de la ciudad. Lo que gana mensualmente se lo envía a su padre, quien sin oficio ni beneficio ha repartido a sus hijas a igual número de hogares ajenos. En navidad el “patrón” debe mandar la botella y el aguinaldo, una vez al año (dos o tres días) las hijas deben visitarlo, solo para verlas y no olvidar su cara, en caso de verlas embarazadas cuesta más y el patrón debe “cumplirles”.

Cuando Valente fue por ella a la casa de su padre, tenía 8 años. Necesitaba una nanita para sus hijos pequeños, tan pronto crecieron la ascendió a “chacha” oficial de la casa. El padre de Estela no le importa si estudia o deja de hacerlo, no le importa si ahora tiene un hijo, de hecho, está contento porque es una niña y ya se está imaginando que la pequeña lo mantendrá cuando él sea viejo.

Algunas personas que consiguen muchachitas para el trabajo doméstico, creen que sus progenitores desean “gente decente” para que su retoños “mejoren” y lleguen a ser “alguien” en la vida. Sin embargo miles de ellas, no llegan ni a pisar el patio de la escuela, no tienen prestaciones sociales y la gran mayoría tienen hijos de violaciones, cometidas en los núcleos familiares a los que son entregadas, como una forma de esclavitud doméstica.

 Estela arrastrada por la vida, se dedicó al oficio del “table dance”, cuando la familia del hombre que la violó la votó del que había sido su hogar durante ocho años, aún cuando el infiel siguió “amándola” cuatro años más y la visitaba en el antro, le daba buenas propinas y descargaba su humor en ella. Esa relación nunca se había hecho pública, porque él era un hombre ajeno. Así que entre la alternancia de hombres ajenos, rubios, morenos, altos o rubios, ricos o pobres, ha pasado la vida y desempeñado su trabajo. Abandonó la esperanza de encontrar un hombre para su vida, porque habiendo tenido tantos en forma pasajera, se ha ganado la vida y ahora su padre, recibe mensualmente su gasto, pensando que su hija estará en buenas manos. Ha perdido en poco tiempo la fuerza de los muslos y la dureza de sus senos, ha sufrido enfermedades venéreas pero por ahora solo transmite herpes genital. Por fortuna el aciclovir lo controla y solo esporádicamente le salen lesiones que ni se ven, así que el dolor de las ampollas lo aguanta y sigue ejerciendo su encargo.

Con el tiempo Estela hizo de la ternura un arte de engaño y logró que el noctámbulo encarrerado el gato, se sintiera querido y quizás amado.

–¡Huy papito… eres un amor! ¡Huy eres un toro!

Así entre huy huy, Estela se gana la vida y de paso buenas propinas, entre laberintos de cuartos y rincones de antro.

Hoy Valente tiene SIDA y está preocupado, porque su hijo más pequeño, fue infectado. Pero la vergüenza no fue tanta, porque la madre de aquel pequeño se convirtió en banquete de gusanos, provocado por ese terrible contagio. Así que viudo y liberado de la carga del matrimonio, pudo darle rienda suelta a la hilacha, posiblemente infectando mujeres de antro y quizás hasta las “decentes” que cautivó durante su nueva soltería.

Cuando supo del terrible mal que sufría, pensó que no era nada malo, porque él –siendo asintomático– ni se había dado cuenta, ni tampoco había cundido el mal olor en toda la casa, pensando que “aquello” delataba al contagiado. Así que ante el médico se quedó inmóvil, como petrificado, por un largo rato preguntándose quien lo había contagiado, pero su memoria no fue suficiente para albergar tantos nombres y solo se dio cuenta del abismo de su desenfreno. Sin embargo, se repitió en su mente un solo nombre, Estela, debía de haber sido ella, porque ella fue siempre la preferida.

Así que una noche de insomnio y calor en la recámara, saltó de la cama y se puso los pantalones, se dirigió al antro en el que Estela trabajaba, para llevarse el chasco de su vida, porque a pesar de lo influyente que el dueño era, el changarro había sido clausurado y las “chicas” del frangollo se había colocado, en infinidad de templos de adoración nocturna, que teniendo autorización, son “tables dance” que no temen a la clausura.

¿O no lo cree usted?

 

1 comentario:

Unknown dijo...

el sida no existe nunca existió

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