lunes, 24 de mayo de 2010

Unos inspectores "finísimas personas"

Fauna Política
Ella se llama Flora
Por Rodolfo Herrera Charolet
El día de hoy nuevamente recordé mis días de "pueblo" cuando me "encabritaba" por las injusticias cotidianas, ejercidas siempre por el abuso de representantes de la ley, que teniendo razón o no, pueden representar la verdadera cara de un gobierno.
Ella se llama Flora, es una mujer indígena de escasos 18 años, que no sabe leer ni escribir, pero eso sí porque para eso no se estudia, ya tiene dos hijas y un hijo aún en brazos a quien llama José Luis. Gana el sustento diario vendiendo flores y para ahorrarse el pasaje viene caminado a la ciudad capital desde Amozoc. Si gasta en pasaje no come ese día.
Flora dice que se mareaba mucho cuando estaba embarazada de su tercer chamaco. Por fortuna la joven mujer no debe preocuparse por aquello de la obesidad, porque estando en los huesos, los "chamacos" le chupan la "sustancia". Su "siñor" como le dice, la deja encargada con su suegra, mientras él se va al trabajo que tiene en otras ciudades, regresando a casa de vez en cuando. Así que mientras el padre de sus hijos se ausenta de casa y en ocasiones se emborracha o gasta en mujeres lo que llega a ganar en aquellas "giras" de su ausencia, ella debe ganarse el sustento diario con la venta de un cajón de flores, porque no siendo la propietaria, le dan 20 pesos cuando vende todas. Así que cargando al crío mas pequeño, alimentándolo de vez en vez y caminando por las calles de la Angelópolis, pretende ganarse el derecho a la vida.
Cuando el sol ha dejado de quemar la piel a los eternos caminantes de todos los días, Flora regresa a la casa que le da alojamiento, llevando consigo el cajón y la venta diaria. Sin embargo, hoy Flora no pasó un buen día, los inspectores municipales le recogieron el cajón con todas sus flores. Inútilmente trató de pedir un recibo o una explicación. Le dijeron que si les daba un dinerito le regresaban su cajón. Pero por desgracia no había vendido nada y lo único que tenía, era sed de tanto caminar bajo el sol y el crío, que llorando en sus brazos clamaba un poco de agua. Dice Flora que ni agua le regalan en la Angelópolis, porque ahora, todo cuesta y un solo vaso de agua se la venden a 5 pesos.
Así que llorando en ratitos y con la esperanza de recibir ayuda, acudió a mi oficina, como lo ha hecho desde que la conozco, como cuando la nenita de "en medio" como le dice, tenía una fuerte infección en los ojos y no la querían atender en el Centro de Salud. Porque la mujer analfabeta, tampoco tiene los papeles que se necesitan para el seguro popular.
Pues bien, hoy todo apuntaba a que Flora regresaría a casa, sin cajón ni el producto de las ventas. Pero para su mejor suerte, logré establecer contacto con la Secretaría de Gobernación Municipal y plantear el caso, esperando que la pobre mujer tenga una mejor suerte y mis oficios le sirvan para algo. De resolverse el problema, lo peor que puede pasar, es que el regreso a casa lo realice con el cajón lleno de flores y caminando cuando llegue al oscurecer, le den una maltratada de ofensas de padre y señor nuestro. Pero de perder el cajón, el castigo puede ser más severo, cuando el Benito regrese de su "viaje" y enterado de la pérdida le propine una buena golpiza, eso sí, sin tocarle la cara, para no dejar marcas que lo comprometan.
De lo que si estoy seguro, es que hoy no va comer, porque no vendiendo nada no tiene ese derecho. Pero para fortuna de sus pequeñas, ellas si tendrán algo que comer, porque la "tía" pensando en  sus futuras utilidades, ya les habrán dado de comer ese día. El problema será mañana, pero como ella dice, mañana "Dios proveerá".
Mientras Flora resuelve la devolución de su cajón de flores y yo escribo lo narrado, decenas de "floras" han sido saqueadas por los inspectores municipales, porque "cumpliendo con su deber" es más fácil aplicar la ley a quienes no pueden defenderse, en su mayoría mujeres indefensas que en los "huesos" cargan un crío. En cambio, los prostíbulos, la venta ilegal de substancias y otras irregularidades "comerciales" se realizan diariamente, ante la complicidad o desinterés de quienes deben evitarlo.
Sin embargo, en honor a la verdad, que funcionario público municipal desea echarse a la "uña ese trompo" y aplicar la ley a quienes pudieran tener "relaciones" de peso en la comuna o que son giros permitidos, porque han pagado la cuota correspondiente.
Aún cuando el lector crea que este editorial es producto de mi imaginación, por desgracia no lo es, los hechos y los nombres son reales, como real es la necesidad de retomar el rumbo de un buen gobierno, en donde la "gente sirva a la gente" y se aplique el más mínimo criterio en la aplicación de las normas, que a toda luz, resultan injustas, como le sucede diariamente a ella que se llama Flora.
¿O no lo cree usted?
P.D. Puebla 24 de Mayo de 2010.

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