viernes, 28 de agosto de 2009

Entre el deber y el deber ser

Fauna Política
Entre el deber y el deber ser
Por Rodolfo Herrera Charolet

Ante la efervescencia de los precandidatos a suceder al gobernador del Estado y de la presidencia municipal de la ciudad capital, las definiciones, lealtades y deslealtades (léase filtraciones), los actores políticos de la fauna poblana buscan acomodo, aliados y en su caso cómplices.

Como observador político, me he dado cuenta que la astucia de muchos periodistas, va más allá del simple comentario. Publicando o comentando rumores, hurgan hacia las entrañas del poder, para encontrar señales inequívocas que los conduzcan al éxito de sus pretensiones. Desde luego, el chisme o comentario de alcoba, las filtraciones y otras argucias, son síntomas de la falta de “convidados” a la “cena del señor”, en donde, solo, unos cuantos disfrutan del mensaje claro y concreto en cuanto a la sucesión del 2010.

Como actor político, sin duda soy objeto de rumores, chismes y entuertos, que de alguna forma se utilizan como instrumento para hurgar hacia ese poder, que paradójicamente es atacado, pero al mismo tiempo redimido por sus actos. Justificado el juego del periodismo de nuestro tiempo; de hurgar, encontrar, publicar y volver a hurgar, para mantenerse en la preferencia de los lectores, radioescuchas o televidentes. En resumen, el periodismo de nuestro tiempo rebasa la publicación de boletín o el formato acartonado a modo, para dar paso a las columnas y a la formación de la opinión pública que públicamente se dirige.

Cuando había sido objeto de calumnia o de algún comentario insidioso, mi respuesta había sido automática, mi defensa (a mi favor y profundamente indignado) no pasaba de ser una respuesta lógica a un ataque, sin embargo, esa respuesta no era noticia, pasaba a segundo término. Cuando le comenté mi inconformidad al maestro Guillermo Pacheco Pulido, el simplemente con la sabiduría que lo caracteriza me dijo: “Si reclamas, la mitad que no estaba enterado ahora lo estará”, y efectivamente, mi comentario de defensa había sido leído por mis amigos y desde luego archivado y posteriormente utilizado por mis detractores, que ni siquiera se habían enterado de la ofensa publicada.

Ensayé durante varios años, dos o tres, la técnica de no opinar, de mantenerme a raya, de ser el servidor público obediente, mudo, sencillo e inexistente, ser una persona que cumple, se esfuerza, cobra y duerme tranquilo, quizás sobresaltado por los pendientes de alguna actividad olvidada o del sonar del teléfono por la cobranza inoportuna de algún empleado de banco. Entonces, mil días después, me di cuenta de que no existía en la opinión pública y que por el contrario, la idea que tenían algunos periodistas mordaces, era la de un ex diputado sometido o congratulado con lo obtenido, peor aún, que me endilgaron sambenitos ajenos, por las simplicidad que se da en la falta de observación o en la legítima búsqueda de la verdad política.

Digamos entonces que esos años sabáticos han pasado, que mi opinión debe existir y que mi deber, el público, no debe confundirse con mi deber de ser. Mi ser, es polémico, participativo y esforzado en buscar soluciones a los grandes problemas que vive la sociedad, que se encuentra harta de los políticos a modo y muchas veces promotores de la parsimonia gubernamental, que avanza lento ante los enemigos que corren de prisa. Esos enemigos que disfrazados de pobreza, hambre y oportunidad, llevan bajo sus ropas las verdaderas armas que aniquilan sistemas y desde luego hombres.

Mi deber, es leal con la causa que motiva el gobierno, con las acciones que se ponen en marcha para atender los asuntos públicos. Mi deber de amigo, es apoyar en sus aspiraciones al amigo. Mi deber como servidor público sometido a la voluntad y disposición superior, es cumplir con mi deber y serle leal. Pero en ninguno de los deberes anteriores, debo dejar ser, ser la persona que opina sobre los asuntos que competen a la sociedad o la de opinar con respecto a mis aspiraciones, o lo que considero oportuno hacer o a quien deba apoyar en la búsqueda de sus aspiraciones legítimas.

Es por ello, que la nómina, no debe ser la mordaza del servidor público, puesto que esta conlleva a las deslealtades soterradas. Creo que si lo servidores públicos expresaran su sentir, sin temor a perder su empleo, muchos, pero muchos, serían los que opinarán lo contrario de lo que se afirma en las reuniones ultra secretas de los grupos en disputa. Si, debe usted saber que la inconformidad que se propaga, entre la inseguridad y el temor, termina por enterrar cualquier proyecto.

Ante la definición de servidores públicos, a favor o en contra, de uno o de otro y otra, yo diría que habrá unos que prefieran la comodidad de la permanencia neutral, aduciendo que “lo que diga el Jefe”, pero ellos, en mi opinión no existen en las grandes decisiones. Prefiero correr el riesgo, prefiero ser frío o caliente, azul o colorado, pero no tibio. Porque mi mayor deber, es el deber ser. Pero no siendo pesimista, creo que mi llamado, podría ser escuchado por muchos, después de cobrar el aguinaldo de diciembre.

¿O no lo cree usted?

P.D. Aún no me explico, porqué mi amigo y gobernador del Estado no incluyó al maestro Guillermo Pacheco Pulido, dentro de los posibles candidatos del PRI, ya sea a gobernador o ha repetir en la Presidencia Municipal. Pero eso es otra historia.

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