jueves, 3 de julio de 2008

Católicos en crisis

Fauna Política
Por Rodolfo Herrera Charolet

Después del Calvinismo y la Reforma Protestante de Martín Lucero en el siglo XVI, es posible que la publicidad en medios masivos de comunicación se convierta en el peor garrote para la Iglesia Católica.
Desde hace varios años, los medios masivos de comunicación han venido difundiendo programas o comerciales relacionados con nuevas iglesias; cristianas, chamanes, cartomanciítas, astrólogos y un sin fin de charlatanes dueños de la oportunidad y maestros del engaño que atentan con la ordenación sacerdotal.
En algunas sectas su peor enemigo es la Iglesia Católica, puesto que es la organización religiosa más poderosa que ha sobrevivido más de 17 siglos. Creada desde las entrañas del poder, sus lazos fortalecidos han soportado innumerables escisiones. Acusada de vivir en el oscurantismo, arcaica, al servicio de reyes, príncipes, nobles y poderosos, con costumbres y conductas contradictorias, que la llevan a predicar virtudes que no practican. Son motivos por los cuales, presuntamente, pierde millones de files, en especial en América Latina.
Después de la pompa de sus construcciones góticas del esplendor en los tiempos difíciles, cuando haciendo uso de su influencia, poder y riqueza, construyeron verdaderas obras de arte, mientras que el pueblo se moría de hambre. Admirando las colosales obras, el pueblo terminó en las garras de las nuevas creencias, muchos muertos por la causa a manera de mártires, otros por ser juzgados por quienes ostentaban el poder público y religioso. Muertos miles en sus luchas internas, muertos más en la Santa Inquisición, muertos en sus labores de predicación, al fin, muertos todos, de quienes no se tiene memoria.
Ante la necesidad de preservar el poder Cayo Flavio Valerio Aurelio Claudio Constantino, mejor conocido por Constantino de Constantinopla o Constantino el Grande y para los Ortodoxos como “San Constantino”, en el año 313, mediante el Edicto de Milán, creó la religión imperial, el catolicismo. Antes de ello millares de muertos sirvieron a la causa elevándose a la calidad de mártires, después de ellos, los que no profesaron y acataron el ordenamiento.
Pero lo muertos siguieron, en gran cantidad, posteriormente en las cruzadas de los siglos XII y XIII, iniciándose cuando el papa Urbano II, aparentemente por pura fe, en el concilio de Clermont (1095) predicó la Primera Cruzada al grito de ¡Dios lo quiere!, con el fin de conquistar Tierra Santa y en particular Jerusalén, que se encontraban en manos musulmanas desde el siglo VII.
El terror y la intolerancia de credos, mandó a millares al descanso eterno, cuando el papa Gregorio IX en el año de 1231, instituyó La Inquisición, un organismo judicial creado por el pontificado en la Edad Media para localizar, procesar y sentenciar a las personas impías y culpables de herejía. Quemados, torturados, asesinados con el peor de los suplicios, hombres y mujeres fueron despojados de sus vidas. Algunos de ellos cientos de años después pasaron a los altares en calidad de santos, mártires, almas piadosas.
Los católicos atraídos por las riquezas del nuevo continente, arrasaron en el siglo XV con cultos y pueblos, impusieron sus creencias y aplastaron cualquier culto distinto al suyo. Nuevamente millares de seres humanos murieron, nuevamente la sangre de inocentes nutrieron los campos. Las muertes de indígenas vinieron después, no a causa del asesinato común por causa religiosa, sino por epidemias importadas del viejo continente.
En el siglo XIX las diferencias entre liberales y conservadores, llevó a los países latinoamericanos a revoluciones, muertes a causa de intereses. Sin embargo el criterio liberal se impuso, pagado su costo en sangre derramada.
Años después, posiblemente en vísperas del bicentenario de la Independencia Mexicana (1810) y del primer centenario de la revolución (1910), las ideas del pasado recobran vigencia, los abusos se hacen públicos y los gobernantes que deben cumplir con el mandato del Estado Laico parecen desafiar al pueblo dormido o dolido a causa de su lamentable pobreza y cansado del constante saqueo de las arcas públicas, propinado por gobernantes que cabalgan en los caballos de la corrupción.
Quizá con está óptica pueda entenderse, la actuación de los gobernantes que graciosamente gastan 105 millones de pesos por causas justas. Mientras que el pueblo, espera justicia y pretende mitigar su hambre, con su salario mínimo y viviendo en las calles polvorientas de pobreza. Espero por el bien de todos y en beneficio de la paz social, que estas actuaciones no sean motivo el próximo 2010, para festejarlo entre pobreza, asesinatos y violencia.
¿O no lo cree usted?

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