viernes 31 de agosto de 2007

Promesas


Fauna Política
Palabra de candidato
Por Rodolfo Herrera Charolet
Un día a Toño le llegó el momento de entrevistarse con San Pedro, a las puertas del cielo el señor de las llaves le preguntó al ilustre político; “Como no sabemos si hiciste buenas o malas acciones durante tu vid en la tierra, tienes la oportunidad de escoger entre ir al cielo o al infierno y por ser piadoso, rezar todos los domingos y hacer ejercicio, te concederemos un día de visita a esos lugares, al tercero nos dirás que decisión has tomado”. Toño no titubeó y su primer día la pasó en el cielo, aburrido de que solo angelitos con sus arpas permanecieran en meditación todo el tiempo, estuvo un solo día que parecía la eternidad. Fue nuestro personaje el segundo día al infierno.

Toc Toc, - ¿Quién? – Soy Toño el político, respondió. Las puertas del infierno se abrieron de par en par, fanfarrias y unas bellas edecanes con reducidas ropas (se puede decir que prescindían de ellas… por el calor… desde luego) lo acompañaron a recorrer los bellos jardines del averno. Jardines colgantes, con hadas correteadas por pequeños sátiros (enanos con la parte media inferior del cuerpo y patas de cabra). En las canchas de tenis y albercas, disfrutaban del bello paisaje conocidos personajes de la fauna política mexicana. Entonces ese día se le hizo pequeño.
El tercer día, al despuntar el amanecer, Toño se encontraba ante San Pedro y tomó la decisión de irse al infierno.

Toc Toc - ¡Entra… te estamos esperando!, una vez adentro, las puertas del infierno se cerraron tras su espalda, inmediatamente Procrustes lo ató y llevó como rehén, era un lugar horrible, nauseabundo, sus amigos y conocidos políticos atormentados por los centauros y otros demonios, se encontraban atados o metidos e un caldero hirviendo. Desconcertado Toño le preguntó al rey y morador de ese lugar, para contestarle.

- Ni modo mi Toño, pero ayer solo estábamos en campaña.

Sirva el anterior cuento, muy conocido por cierto, para referirnos a las promesas de los candidatos que estos días iniciaron campaña.

Durante la mañana, una docena de jóvenes uniformados, repartían unos panfletos promocionales, entre los que destaca la siguiente promesa; “Tu diputado puede impulsar leyes que sí te beneficien… Una ley que prohíba que los políticos brinquen de un puesto a otro sin terminar el cargo para el que fueron electos”. Leí en dos ocasiones el texto y solo me vino a la memoria el candidato a la presidencia municipal de Puebla, Antonio Sánchez Díaz de Rivera, quien siendo Diputado Federal por el periodo 2006-2009, abandonó el cargo para competir por la Presidencia Municipal de Puebla.

Por si fuera poco, su compañera de legislatura, la cholulteca Dolores Parra Jiménez, impulsa en el H. Congreso de la Unión, la llamada “Ley Antichapulín”, que tiene por objeto limitar la aspiración y participación de los políticos que teniendo un cargo de elección popular, pretendan otro, cuando no han concluido su mandato.

Lo contradictorio del panfleto o promesa, es que su principal promotor del voto panista, precisamente incurre en el defecto que critican, dicho de otra forma y palabras más o palabras menos de Lolita Parra, Antonio Sánchez Díaz de Rivera es un político chapulín, actitud que debe ser censurada por la población, puesto que, su partido propone tal censura “para que los políticos sí concluyan su cargo para el que los ciudadanos los elegimos y no anden buscando otro HUESO anticipadamente”.

Pero la mejor promesa de campaña es la que aparece en primer lugar del díptico del candidato a Diputado Local Pedro Gutiérrez, que va por el dos, la cual transcribo tal y como la ha publicado (sin espacios, ni puntos ni comas, favor de tomar aire para evitar que alguno de mis lectores muera por no respirar).

“ParaquelospolíticosdemásaltonivelenPueblatenganuntopedesalarioynoabusendeldinerodenosotroslosciudadanosasignándosesueldosqueatdosnosinsultan”.
Siguiendo con la lectura de tan agradable libelo, mi imaginación me llevó a vislumbrar al diputado pintando las guarniciones de una colonia de Puebla. Desde luego que solo una carcajada puede ser la respuesta, porque solo a una persona no muy ajustada a la realidad que vivimos, se le ocurre tal disparate y veamos la razón:

“Pedro Gutiérrez destinará los recursos que entrega el Congreso para la atención ciudadana en JORNADAS DE TRABAJO SOCIAL, Juntos pintaremos las guarniciones de tu calle, podaremos los camellones y repararemos las luminarias descompuestas de las avenidas más oscuras, JUNTOS HAREMOS MUCHO CON POCO”.

Primero.- El presupuesto del H. Congreso del Estado no destina cantidad alguna para trabajo social del Diputado, puesto que el cargo es para legislar.

Segundo.- El apoyo parlamentario, que se refiere la partida presupuestal, apenas alcanza para pagar una secretaria y gasolina de cuatro tanques por mes. Desde luego que a la secretaría contratada se le tendrían que violar sus derechos, porque no alcanza para pagarle el seguro social y demás prestaciones. Pero suponiendo, que dicha persona trabaje gratis para el diputado, el presupuesto disponible es insuficiente para comprar la pintura que se requiere para las guarniciones de poco más de 300 colonias que forman parte del distrito. Dicho de otra forma, el dinero disponible como apoyo de gestión legislativa, alcanzaría escasamente para menos del cinco por ciento del total de las guarniciones de su distrito.

Tercero.- Si el legislador recorriera cada acera de cada colonia de su distrito, sin pintar la acera, tendría que caminar cada calle dos veces (acera derecha e izquierda) y tendría que recorrer, una colonia por día (al menos) durante poco más de 20 horas al día, durante un año. Cuando concluya la primera ronda de recorrido de aceras, posiblemente esté entrenado para ser maratonistas pero no habrá hecho pie en el H. Congreso del Estado y el costo a la ciudadanía sería de 30 veces más caro que cualquier velador que está obligado a proporcionar dicho servicio (recorrer calles). Si se toma la molestia de pintar aceras, entonces, no le alcanzan los próximos tres tríennos para concluir su distrito.

Sin duda las propuestas que solo he analizado se parecen mucho al cuento.

¿O no lo cree usted?
2007/08/29

jueves 23 de agosto de 2007

Escamoles


Crónicas de lo cotidiano
¿Es época de escamoles?
Por Rodolfo Herrera Charolet


En conocido restaurante cholulteca, no conocen los “escamoles” y mucho menos sirven rápido, cuando el cliente pidió tortillas calientes, los “huevos estrellados” ya se le habían enfriado, pidió un jugo de naranja y se lo llevaron “rebajado con agua” porque en ese negocio se acostumbra hacer la vieja treta de los “lecheros de Chipilo”, quienes venden “lechita bautizada”.


Cuando el visitante le preguntó al mesero sobre el suculento manjar prehispánico, el chico “sacó los ojos” y pensó en el “revire”, pero el visitante lo “sacó” de su duda.


- ¡Si joven... es hueva de hormiga!.


- No señor... aquí todos somos muy trabajadores, los lentos son en la cocina... por cierto que la viejita que acaba de entrar... no la podemos apurar porque se nos infarta... fue la respuesta que le vino de repente al “despistado” empleado.


El turista se comió sus “huevitos” ya revueltos entre algunas moscas y un chicle que se le cayó al “mudito” que los pone en la mesa y espera a que se los pagues... o no te deja comer... Pero esto es otra historia.


Por cierto, algún lector sabe si es época de “escamoles”.

jueves 16 de agosto de 2007

Cuasimodo


Cuentitos
Cuasimodo estrella del circo
Rodolfo Herrera Charolet

“Entre más sube el chango, más se le ve la cola”
Refrán popular


La crónica de la fiesta de cumpleaños del chango fue todo un suceso, llenó las páginas de sociales; el chango brindando con los amigos lobos; el chango saludando al viejo elefante; el chango encaramado a lo alto de un trono. La enana engalanada con abalorios de fantasía, de brazo del cuasimodo portando su traje alquilado, haciendo reverencias al festejado. Era una fiesta inolvidable de animales y fenómenos de circo, quienes ya se conocían todos y todos se abrazaban una y otra vez, con tal efusión que parecía no haberse visto en años. Elogios, regalos costosos y baratos. Tarjetitas con recados y buenos deseos, algunos solicitando empleo en el circo.


El chango con su voz tipluda, fue ovacionado por el populacho que se arremolinó a su alrededor, cuando en versos mal hilvanados y recortados recitó “madre… solo soy un chango”. La gorda de voz ronca, no dejaba de gritar y daba manotazos, pensaron algunos que era una fanática del chango: Pero la verdad, es que se había atragantado y no podía respirar, hasta que el hombre fuerte y también fenómeno del circo, le apretujó de los callos del talle, lonjas a manera de cintura.


Esa noche el festín asado, no alcanzó para todos los invitados, algunos colados que supieron de la batahola, se conformaron con retratarse junto al chango de dientes para fuera, pagaron a fotógrafos, costosas placas para salir en la de sociales.


En las calles, niños acróbatas de la miseria, esperan la salida de los comensales, algunos apretados en carretas, otros conduciendo carruajes exquisitos. Salieron uno a uno, otros todos en tropiezo, pero ninguno reparó en su desdicha, ni en la de los anónimos habitantes de la calle.


Al fin, despuntando la mañana, fue vista una cola a lo alto de aquello que parecía un trono, era una montonera de basura y el chango que dormía la mona. Ninguno de sus aduladores quiso despertarlo, por temor a equivocarse y ganarse su enojo. En puntitas, todos, se retiraron evitando sentirse inmiscuidos en ese embrollo. Los niñitos acostumbrados a tantos deshechos, correteaban y golpeaban un gato flaco, que adolorido maullaba.


Fue así como el circo se deshizo del indeseable chango, que al retirarse dejó una montonera de basura. Ninguno de los aduladores quiso despertarlo, ninguno quiso perder el siguiente viaje, ni ensuciarse las manos por un chango que ahogado de borracho ensañaba la cola. En la siguiente fiesta, todos olvidaron la juerga anterior y nadie reparó en la ausencia del chango. Ahora la estrella del momento era el cuasimodo que de apariencia despreciable inundaba las páginas de sociales, embriagado por las luces destellantes que borraban su vista y elogios presurosos que inundaban sus oídos.


Así de pueblo en pueblo, fue pasando el circo y entre las montoneras de basura, de vez en vez, se olvidaron de animales. Algunos viejos, otros inservibles, pocos los muertos. Porque en el circo, no hay espacio para enfermos, rencores o calamidades, solo existe la memoria de cada acto. El sonreír y hacer piruetas, aunque solo sea para mantener el sustento, en tanto no se anuncie en páginas amarillas; se solicita fenómeno para estrella de circo”.


Recuerdo entonces varios consejos populares, citando solo aquel adagio, “entre más sube el chango mas se le ve la cola”.


¿O no lo cree usted?
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