viernes, 5 de octubre de 2007

¿Tu votarías por un candidato chapulín?





Fauna Política
A caballo del “yunque” no se le ve colmillo
Por Rodolfo Herrera Charolet


Sin que mi comentario se tome como una vulgaridad, por muy cruda que sea la expresión, la locución “cagarla” se refiere al acto voluntario de una persona en “arruinar algo”, sinónimo de meter la pata, regar el arroz, cometer un error, desliz, traspié o resbalón, entre otros términos. Como verbo y en estricto orden a este artículo, no debe tomarse por su significado literal que corresponde a una necesidad fisiológica de la mayoría de seres vivos.
El candidato del Partido Acción Nacional a la presidencia municipal, de Puebla no ha salido de un problema y ya se encuentra inmerso en otro, el mayor problema es su “facilidad” de palabra, al promover más disparates que propuestas viables. En la primera mitad de su campaña ha demostrado, lo que ya se sabía, que era un candidato débil. La revelación en campaña fue, que siendo dicharachero, empinará la tendencia de su partido en ganar la presidencia municipal y que tuviera la ingeniosa facilidad de promover disparates, contrarios al buen juicio y a la sana costumbre de fortalecer una candidatura.
El primero de los errores del candidato, es sin duda, el que le ha valido el mote del político chapulín, derivado de su intención de no concluir su posible mandato de tres años al frente de la presidencia municipal, puesto que aspira a la gubernatura. Dicho en otras palabras, es costumbre del ahora candidato “chapulín” no cumplir los mandatos populares por el capricho personal de ser algún día, gobernador del Estado, puesto que, siendo diputado federal por tres años, no concluyó ni el primero por ser candidato a la presidencia municipal y este mandato no lo espera cumplir, en caso de ser favorecido con el sufragio de los poblanos, en virtud de que su deseo es el de participar en el 2010 como candidato a Gobernador del Estado.
El segundo de sus errores, es precisamente su obstinación de creer que sus comentarios resultan simpáticos o de “honestidad política”, cuando a la población medianamente enterada de los asuntos públicos, lo que más detesta son los políticos “chapulines”, los servidores públicos que se adornan con asuntos de mínima importancia o que se vanaglorian de triunfos inexistentes o irrelevantes que no ha demostrado su eficiencia o efectividad en lo público.
Al respecto, podemos referirnos a la ufanada arenga de que el “candidato” es un empresario exitoso.
¿Si es exitoso, porqué cerró su industria y dejó en el desempleo a decenas de trabajadores?
¿Si es exitoso, por que la mayoría de los poblanos no conoce o sabe el nombre de su empresa o producto?
¿Si es exitoso, por que afirma que de perder la candidatura a presidente municipal acepta el cargo de naranjita?
¿Si es buen empresario, por que su empresa no aparece en las primeras 1000 del país o –de a perdis- en las primeras 100 del Estado?
Creo y estoy convencido que se dedica a la política, más por ser un empresario fracasado que por la mentada bufonada.
Otro de los comentarios, no menos célebres y desastrosos para el candidato, es el asunto de que “tiene pantalones para gobernar”, como si el asunto fuera de prendas masculinas o femeninas, o que el gobierno fuera una especie de corral de suertes y potrillos. El comentario la ha desatado una andanada de acusaciones que le endilgan el carácter misógino que posiblemente reside en su interior, pero que debió apaciguar en aras de un mejor posicionamiento de su campaña.
El comentario del candidato en el sentido de que avala el incremento a la gasolina, no solo es un “honorable harakiri”, sino que, es un revés a toda su campaña y endilgarse los errores de otros y con ello la animadversión ciudadana. Al pueblo no le gusta que le cobren impuestos, mucho menos, que se los aumenten o inventen nuevos. Si bien es cierto, este argumento que avaló el candidato no había sido “explotado” políticamente, la Alianza PRD-Convergencia ya ha puesto en el centro del debate dicho defecto de la política fiscal. Lo cual, redundará en la pérdida de votantes “despistados” o “indecisos”.
Por si le faltara una cereza en el pastel de las pifias, el candidato ha perdido ocho puntos que llevaba de ventaja, según las encuestas, antes de que se conociera lo que tiene en el cerebro y abriera la boca. Siguiendo una dinámica de autodestrucción y verdadera “honestidad” política, al demostrar, que no sirve para gobernar y que sería mejor que se regresará al H. Congreso de la Unión a concluir su mandato, que fue electo para cumplir o levantando el dedo o apoyando las iniciativas que otros legisladores (más inteligentes) elaboren, pero que dicho sea de paso, ha demostrado que ni eso sabe hacer o simplemente no quiso hacerlo, porque posiblemente se aburría sentado en su curul.
Como dijera mi padre y miles de poblanos, de plano el PAN ahora si… la cagó con su candidato. Pero ni modo, a caballo del “yunque” no se le ve colmillo.

¿O no lo cree usted?

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