martes, 4 de septiembre de 2007

El Chapulín a la Presidencia de la República

Fauna Política
El Chapulín va por la Presidencia de la República
Por Rodolfo Herrera Charolet


Imagínese mi estimado lector que hoy despertó en el año 2010, dos años antes de las elecciones presidenciales del 2012. Es una mañana lluviosa y está cansado de la trillada publicidad de los partidos políticos, en especial de aquellos que prometen “que ahora sí se van acabar los baches de la Angelópolis”, que ellos tienen un pacto con el Dios Tlaloc para que deje de llover y evite que el pavimento se dañe.

Acude, como siempre, al restaurante de su preferencia y lee en los titulares de los periódicos; “El Chapulín va por la Presidencia de la República”, sigue leyendo y observa que ahora la declaración del célebre eterno candidato, empresario textilero, naranjita eventual y posiblemente dicharachero de profesión, también llamado Toño, quiere ser ahora Presidente de la República. Antes ya fue gobernador del Club Rotario o del Club de Leones, poco antes presidente del Club y antes de ello, aspiraba a líder de colonia, pero por tanta arenga se le fue el esfuerzo por la boca y no llegó al cargo.

Su imaginación puede llegar, inclusive, a imaginarse a Toño, sentado en la silla presidencial o tener la banda en el pecho y afirmar que ahora quiere ser bombero, porque le gustan los incendios y siempre dice la verdad. Desde chiquito sus deseos piromaniáticos lo llevaron a conducirse por el camino del bien y fue reconvenido para apagarlos. Ese deseo oculto lo ha llevado toda su vida y como dice la verdad, ahora que ya es Presidente, le gustaría cumplir ese deseo más íntimo.

¡Ya se lo imaginó!

¡Que bueno!

Ahora despierte, porque es una pesadilla. Nadie, pero nadie, en su sano juicio podría votar por una persona que cree que los cargos públicos son lianas para columpiarse al estilo Tarzán, Janne o de “a perdis” chita.

El ejercicio del poder requiere de responsabilidad, sensatez y cabeza fría. Las calenturas palaciegas deben acotarse, el político no puede aducir que gracias a su sinceridad no puede ocultar sus aspiraciones, puesto que dicho sea de paso, las aspiraciones personales no necesariamente pueden ser buenas consejeras.

¿Cuál es el motivo que lleva a un político a ocupar un cargo público?, ¿La aspiración personal o el llamado y trillado bien común?

Ser presidente municipal de la ciudad capital de un estado, demanda respeto a la ciudadanía, honestidad en el ejercicio público y cumplir constitucionalmente un mandato.

Desde luego estas líneas no serán leídas, por quien no tiene respeto a la ciudadanía, o por quien solo ve en la Presidencia Municipal un escalón en su carrera personal de lucimiento. En mi opinión esta clase de políticos deben ser censurados, no merecen nuestro voto, puesto que de igual forma que se burlan de él, pueden cambiar de opinión en cualquier momento.

Poco más de 1200 días de gobierno municipal no son suficientes para resolver los problemas de décadas, de acabar con la injusticia social que se observa en los cientos de colonias de Puebla. Son insuficientes para mitigar el hartazgo que tiene la sociedad de políticos que prometen y no cumplen. Estamos cansados de que seamos considerados objetivos electorales sin capacidad de distinguir entre publicidad y capacidad. Antonio Sánchez Díaz de Rivera, debería tomar un curso intensivo de sentido común, el más común de los sentidos ausentes en su discurso político.

Desde luego que Antonio no es un santo de mi devoción, no porque milite en un partido distinto a mi preferencia, sino que sus declaraciones rayan en el absurdo e incongruente de la postura que han promovido sus propios compañeros de partido, en el sentido de que debe promulgarse una ley antichapulín.

Pero los partidos políticos no tienen la culpa de las declaraciones de sus candidatos, sean buenos o maletas. Pero la verdad, la ciudad capital ya ha vivido dos anteriores al señor Antonio Sánchez de su mismo partido y parece ser que ambos no militan ya en el PAN. Perdón, ahora que recuerdo el último de ellos les ganó el amparo para que lo aceptaran como uno de ellos.

Sí, un señor que parece ser tenía la visión de poner en tres años un metro, iniciando su construcción con la primera estación modelo en un agujero que actualmente se sigue inundando y pone en peligro a los automovilistas.

Y si algún despistado poblano no recuerda al otro antecesor, parece ser que ahora quiere ser nuevamente presidente con un proyecto personal, que dice, entre otros disparates que “los políticos no cobren”… bueno desde luego que no tendrían necesidad de cobrar si de entrada saben como hacerlo… 10, 20 30 o mayor porcentaje de las obras (usted me entiende).

El común denominador de brillantes disparates, de los antecesores y de quienes se encuentran en campaña, es la franqueza o desfachatez con la que promueven sus ideas, creyendo que los ciudadanos pueden olvidar fácilmente y tendrán que aguantarse tres años (bueno solo dos en el actual caso) de un mal gobernante, que solo tiene en mente ganar una elección como preámbulo a un “hueso” mayor. La verdad es lamentable y lo peor que un partido en el poder no hubiera elegido a una persona más sensata.

¿O no lo cree usted?

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